martes, 21 de agosto de 2007

Pablo Peusner."La lingüistería como respuesta a la presencia de padres en la clínica psicoanalítica lacaniana con niños".


(este texto inicialmente iba a ser un capítulo de mi libro "Fundamentos...", pero quedó afuera. Quisiera compartirlo con ustedes puesto que podría resultar de alguna utilidad).



A lo largo de esta primera parte de nuestro recorrido, hemos utilizado la idea de "el comienzo" para abordar los fundamentos. Espero que recuerden la definición que trabajamos en Heidegger acerca de los fundamentos.
Situar "el comienzo" supone establecer un texto y calcular una dirección para el mismo. Sabemos que dicho texto no está dicho por ninguna persona en particular, pero que admite posiciones enunciativas. Para estudiar estas últimas, hoy quisiera proponerles que hagamos un poco de "lingüistería". ¿Conocen el término? Se trata de un neologismo de Lacan, a partir del término "lingüística". Su creación conlleva una pequeña historia que involucra al famoso lingüista Roman Jakobson. Parece ser que este último, hacia fines de 1972, había sostenido que todo lo que es propio del lenguaje corresponde a la lingüística y, por lo tanto, al especialista, al lingüista. En la sesión del seminario Encore del 19 de diciembre de 1972 (clase que Jacques-Alain Miller tituló, justamente, "A Jakobson"), Lacan inventó el término "lingüistería" para calificar el quehacer del psicoanalista con el lenguaje y poder dejarle así a Jakobson, su amigo, su territorio reservado (la anécdota se puede leer en la página 24 de la edición española del seminario 20).
Hace tiempo me encontré con un problema que, creo, pude resolver echando mano a ciertos conceptos y articulaciones provenientes del estudio del lenguaje. Entonces, y puesto que no soy un especialista, hagamos un poco de linguistérie…

Quisiera presentarles el problema, tal como se me presentó a mí. Para eso, daremos un paso atrás. Citemos, nuevamente, la "Conferencia 34" de Freud.

"Psicológicamente el niño es un objeto diverso del adulto, todavía no posee un superyo, no tolera mucho los métodos de la asociación libre y la transferencia desempeña otro papel puesto que los progenitores reales siguen presentes". [2]

Allí ya hay una alusión explícita a la presencia de los padres.

"Las resistencias internas que combatimos en el adulto están sustituidas en el niño, la más de las veces, por dificultades externas. Cuando los padres se erigen en portadores de la resistencia a menudo peligra la meta del análisis o este mismo y por eso suele ser necesario aunar al análisis del niño algún influjo analítico sobre sus progenitores". [3]

Lo interesante de este párrafo es que habla del análisis del niño, a pesar de que unos años antes —y explícitamente— le había planteado algunos reparos. En el párrafo citado se afirma, de hecho, que hay algo de la clínica psicoanalítica con niños que existe y se practica. Pero para favorecer ese trabajo y que los padres no lo obstaculicen, Freud sitúa cierta necesidad. Esa necesidad es la de "algún influjo analítico sobre los padres". Ahora bien, que yo sepa, este sintagma "influjo analítico" no está presentado claramente como un concepto en la obra de Freud.
En mi investigación sobre este tema, decidí buscar el mismo párrafo en la otra traducción de la obra de Freud. Es así que recurrí a la traducción de Luis López Ballesteros y De Torres, editada por Biblioteca Nueva en Madrid (esta técnica de comparar las versiones casi siempre me ha deparado grandes sorpresas). En la edición española, el mismo párrafo está presentado de la siguiente manera:

"Cuando los padres se hacen substratos de la resistencia suelen poner en peligro el análisis e incluso el desarrollo del mismo, por lo cual se hace, a veces, necesario enlazar al análisis del niño cierta influencia analítica de los padres". [4]

Aquí también apareció la idea de la "influencia analítica" sobre los padres. Pero me llamó la atención que, mientras en la traducción de Etcheverry dicha influencia debe "aunarse" con el análisis del niño, López Ballesteros propone que la misma debe "enlazarse". Con lo cual, la pregunta se me desplazó un poco. Ya no me preocupaba tanto qué significaba ese influjo analítico, sino qué tipo de relación debía tener este (soit ce qui ce soit) con el análisis del niño. Porque, a pesar de la divergencia en la traducción, ambas versiones apuntaban en la misma dirección. No dudo de que algún psicoanalista lacaniano articulara aquí el "enlazado" con los nudos. Les propongo algo más sencillo: ese "enlazamiento o anudamiento" (leído por López-Ballesteros) permite darle al material en cuestión, que es heterogéneo porque surge de dos textos distintos, un tratamiento tal como si fuera uno (que es lo que ha leído Etcheverry).
No tengo duda de que, tanto el análisis del niño como la influencia analítica sobre los padres, se realiza por medio del lenguaje. Y, entonces, ese enlazado que aúna los textos desconoce el corte propuesto por los cuerpos, ignora que hay individuos y transforma todas las manifestaciones "lenguajeras" (langagiers) en un solo texto. Aquí se justifica el recurso a la lingüistería.
Si aceptamos esta propuesta, es necesario ponernos de acuerdo acerca de cómo vamos a leer este texto, porque es condición que el lector tenga una determinada disposición a la lectura. Ningún texto se lee solo; alguien tiene que estar ahí para leerlo. Hoy en día, en lingüística y también en teoría literaria, se trabaja sosteniendo que el lector participa en la construcción del texto. Observen ustedes que este texto incluye en su "enlazado" también al analista en tanto que lector (ya hemos trabajado en torno de esta idea en alguna reunión anterior). No es una novedad para nosotros que el inconsciente sea "transindividual", Lacan lo venía planteando así desde su "Informe de Roma". Justamente, en este Escrito, y casi a continuación de la afirmación de la transindividualidad del inconsciente, hay un párrafo que me gustaría trabajar con ustedes.

"¿No hemos recibido ya del señor Perogrullo la lección de que todo lo que es experimentado por el individuo es subjetivo?". [5]

Es una pregunta tramposa, irónica, por parte de Lacan. Sobre todo porque la afirmación que incluye se la atribuye a "Perogrullo" (que en francés es Monsieur de la Palice).
El párrafo siguiente comienza con una raya puesto que se trata de un diálogo. A la pregunta irónica (que, obviamente no es la posición de Lacan) sigue la respuesta de Lacan.

"—Boca ingenua cuyo elogio ocupará mis últimos días, ábrete una vez más para escucharme. No hace falta cerrar los ojos. El sujeto va mucho mas allá de lo que el individuo experimenta "subjetivamente", tan lejos exactamente como la verdad que puede alcanzar, y que acaso salga de esa boca que acabáis de cerrar ya". [6]

El sujeto va más allá que lo subjetivamente experimentado por un individuo, por una persona. Aquí la persona es insuficiente para situar al sujeto. Y aparte, ¿una verdad sale de una boca cerrada? Noten aquí, entonces, que no está haciendo coincidir el texto del sujeto con lo que necesariamente sale de una boca.
Con lo cual queda bien claro que estamos en el terreno de lo que está más allá del individuo. Tenemos entonces que trabajar con un texto que, les propongo, sea un sólo texto, transindividual, que supere las posiciones individuales, que no sea considerado subjetivo, que no sea considerado como susceptible de salir de la boca de aquel a quien se considera paciente solamente —puede salir o puede no salir—. Es decir, la boca puede estar cerrada y el texto estar igual. Entonces, si se trata de trabajar y de leer un texto, sería muy rico tratar de ubicar la actitud para la lectura de ese texto, es decir, una posición desde la cual leer.

Ahora viene un poco de lingüistería.
Les propongo revisar —con nuestras limitaciones, insisto— dos artículos de autores muy importantes en los que se abordan cuestiones referidas al lenguaje y que aportan herramientas para intentar resolver nuestro problema; un problema que les he planteado en estos términos: ¿cuál es la mejor posición (teórica) para leer el texto de un caso en clínica psicoanalítica lacaniana con niños?
Vamos a trabajar ahora con Oswald Ducrot y Michel Foucault, dos autores muy respetados, por cierto. De Ducrot vamos a estudiar un texto que lleva por título "Esbozo de una teoría polifónica de la enunciación"(1982-1984), publicado en español en el libro "El decir y lo dicho", de editorial Paidós (cuidado, porque circula también una edición de Editorial Edicial con el mismo título "El decir y lo dicho", algo más tardía, pero que no incluye el texto que vamos a trabajar). De Foucault, revisaremos su archiconocida conferencia titulada "¿Qué es un autor?", que pronunciara ante la Société française de philosophie, el 22 de febrero de 1969, cuya traducción encontramos en el volumen 1 de las "Obras esenciales" que lleva por subtítulo "Entre filosofía y literatura" (publicado por Ed. Paidós de Barcelona en 1999).
Antes quisiera plantearles un esquema acerca de qué problemas abordan y cómo lo hacen. Me resultó curioso que ambos autores —con diferencia de aproximadamente diez, doce años— trabajaran de manera completamente distinta el mismo problema, arribando a soluciones que apuntan en la misma dirección.
Ducrot realiza la crítica de la "teoría de la unicidad del sujeto de la enunciación". Expone que no hay un solo sujeto de la enunciación y propone, en reemplazo de tal idea, la "teoría de la polifonía". Foucault critica y reemplaza la noción de "autor". Junto con la noción de autor, critica y reemplaza también la noción de "obra", y propone la noción de "función de autor". Ustedes saben que una función, en matemática, es un lugar vacío que puede ser ocupado por distintos valores.
Es inevitable que ahora comente algo de los textos de estos autores. Es mi intención avanzar sobre ellos tratando de establecer la estructura lógica de ambos textos, porque la estructura lógica es la estructura que nosotros necesitamos para pensar cómo leer un texto. Avancemos, entonces, pero si sienten que el agua nos llega a la cintura, me avisan.

Ducrot es explícito en el objetivo de su texto. Se trata de criticar una idea teórica que podría enunciarse así: "a un sujeto le corresponde un enunciado". Es decir, dado un enunciado, por ejemplo, "hoy es jueves", suponer que "yo" soy el sujeto de ese enunciado es lo que Ducrot va a criticar. Ahora, para eso, comienza al revés. Comienza diciendo cómo no es la cosa, y, entonces, en primer término va a poner en tela de juicio que el sujeto del enunciado tenga a su cargo la actividad psicofisiológica necesaria para producir un enunciado. El sujeto no es la persona que pone a funcionar el aparato fonatorio.
Segundo: tampoco es el autor, es decir, aquel que origina los actos ilocutorios cumplidos en la producción del enunciado. Por ejemplo, si el enunciado estuviera destinado a dar una orden, a informar o a pedir, el sujeto no es la persona que siente esa necesidad.
Y, finalmente —y tal vez lo más interesante, es que el sujeto tampoco coincide necesariamente con el referente de las marcas de la primera persona. Ducrot afirma que en los casos en que el enunciado diga "yo", ese "yo" no remite necesariamente al sujeto; que cuando aparezca algún objeto calificado como "mío", el propietario indicado por el posesivo no siempre coincide con el sujeto; y que cuando en el enunciado aparezca la partícula "aquí", esa circunstancia de lugar, ese "aquí" no remite para todos los casos al lugar en que el sujeto esté instalado en ese momento.
Luego de hacer esta caracterización negativa del asunto, afirma que, obviamente, si bien el sujeto no se localiza a partir del aparato fonatorio, ni a partir del autor, ni a partir de los shifters de primera persona, bien podría coincidir con ellos para un caso "equis"; debería ser un caso normal y sencillo. Eso sí, rápidamente da un contraejemplo. El primer contraejemplo que da (como para ir entrando de a poquito en el problema de la polifonía, de la multiplicidad de voces) es la repetición. Y eso, a nosotros, nos suena muy cercano.
Entonces, les propongo revisar el ejemplo que a mi criterio está clarito y que, por tratarse del terreno de la repetición, tiene alguna familiaridad con nuestro quehacer de psicoanalistas. Está en la página 196 de su "Esbozo de una teoría polifónica de la enunciación". Yo les voy a poner nombres a las letras que Ducrot utilizó en el ejemplo porque así nos resultará más fácil seguirlo. Dice:

"Lucas, a quien se le reprochó haber cometido un error, se rebela: "¿Así que yo soy un imbécil? Pues bien, ¡espera un poco!". Lucas es todavía aquí el productor de las manifestaciones y a él es, igualmente, a quien designa el yo. Pero en cuanto al acto de afirmación cumplido en el primer enunciado, sin duda no es Lucas el que asume su responsabilidad, ya que Lucas tiene precisamente la inmodestia de discutirlo. Por el contrario Lucas lo atribuye a su interlocutor, Pedro (aun cuando, de hecho, Pedro no haya hablado de estupidez sino que sólo haya hecho un reproche que, según Lucas, en buena lógica implica la creencia de Pedro en que Lucas es un imbécil)". [7]

Este ejemplo permite conceptualizar la repetición como la pensamos en psicoanálisis, como lo mismo que no es lo mismo. Ya estamos lejos de negar su existencia en los casos en que no se repiten textualmente las mismas palabras. Sin embargo, aquí, con palabras diferentes, se está repitiendo lo mismo. Es decir que Ducrot, lingüista, considera la repetición muy similar a como la consideramos nosotros. Sigue la cita:

"Así pues, no bien aparece una forma cualquiera de repetición (y en la conversación no hay nada mas frecuente), la atribución de las tres propiedades a un sujeto hablante único se vuelve problemática". [8]

¿Entienden por qué? Primero porque parte del texto del enunciado es la voz de otro, no es la voz de quien habla.

"La demostración es aún más fácil con enunciados complejos...". [9]

Hay que suponer que el enunciado que abordamos a modo de ejemplo recién es simple, ahora vienen los complejos - van a ver que no son mucho más complejos.

"... por ejemplo, con enunciados constituidos por medio de la conjunción pero. Todo montañista ha escuchado alguna vez en el refugio al despertarse un diálogo como el siguiente. Alguien ha afirmado con toda imprudencia no haber pegado un ojo en toda la noche y un compañero le responde amablemente: "Puede que no hayas dormido pero en cualquier caso has roncado sin parar". El autor en el sentido físico de este enunciado no podría ser considerado responsable a la vez de las dos afirmaciones pronunciadas sucesivamente. Si parece razonable atribuirle la segunda, no podría hacerse otro tanto con la primera corregida mediante el pero; y así sucede con una gran cantidad de empleos del pero especialmente con aquellos que entran en enunciados de estructura «quizá p pero q»". [10]

Una nota a pie de página: el texto de Ducrot está lleno de definiciones. En principio, frase y enunciado; enunciado y enunciación; significación y sentido; locutor y enunciadores. Uno se fatiga un poco con esto. Pero nosotros estamos en condiciones de poder leer el "sentido" del texto. Y, en este sesgo, lo interesante es que está todo el tiempo multiplicando los conceptos que dan cuenta de los que hablan en un texto. Seguramente, si intentara ponerme a definir bien cada una de las cosas, nos aburriríamos un montón y, realmente, dudo mucho de mi efectividad para transmitir un sistema conceptual tan complejo. Por lo tanto, decidí, en vez de meternos con los conceptos y las dificultades, trabajar solamente los ejemplos y seguir su lógica. Entonces, el primer ejemplo que trabajamos es el de la repetición.

El segundo ejemplo que voy a trabajar es un ejemplo cotidiano. Está en la página 198. Supongan ustedes que reciben una nota del colegio de vuestro hijo, que dice:

"Yo, el que suscribe ............... autorizo a mi hijo a................... Firmado ....................". [11]

A partir de ahí Ducrot propone:

"Personalmente lo que tendré que hacer es registrar mi nombre en el lugar en blanco y firmar. Ahora bien, está claro que yo no soy el autor empírico del texto (autor, por otra parte, muy dificil de identificar: el director, la secretaria, la Administración de la Educación Nacional, la maestra); a lo sumo me expongo a ser el autor de la ocurrencia de mi nombre en el lugar en blanco y, en el caso normal, de la firma". [12]

Tengan en cuenta que el ejemplo vale si acaso yo hubiera firmado el texto (ya sabemos que, a veces, los chicos firman…). Por eso, Ducrot dice que se trata del caso "normal" (lo anormal sería que nuestro hijo firmase el texto).

"Pero una vez que haya firmado apareceré como el locutor del enunciado. Por un lado habré asumido su responsabilidad y el propio enunciado, una vez firmado, indicará que yo he asumido tal responsabilidad. Por otro lado seré el ser designado por las marcas de la primera persona, seré aquél que autoriza a su hijo a hacer esto o aquello. Una vez puesta mi firma, la dirección del colegio podrá decirme: «usted nos ha enviado un papel en el que autorizaba a su hijo a...»". [13]

Me parece que acá también está muy claro. El texto supone la diferencia entre locutor y autor empírico del texto. Una definición rápida: el locutor es el responsable del enunciado y el designado por las marcas de la primera persona, que en este caso no corresponde con el autor empírico del texto. Con lo cual ya tenemos un texto y al menos dos lugares. En los otros ejemplos nos pasaba lo mismo: teníamos un texto donde cada texto incluía texto del otro, primero, no suscripto por el que estaba hablando pero que lo incluía para negarlo de alguna manera. Ya tenemos dos ejemplos.

El tercer ejemplo que nos da es un ejemplo riquísimo para nosotros porque es el lenguaje citado en estilo directo. Pero esto lo tengo que escribir para que se entienda bien. El ejemplo está en la página 201. Ducrot lo escribe así —la segunda parte de la oración en itálicas—:

"Juan me ha dicho: yo vendré". [14]

¿Recuerdan que recién les decía que el locutor es el responsable del enunciado y a quien se referían las marcas de la primera persona? Ducrot, un poco más adelante, empieza a modificarlo. Dice: Bueno… Habría que ver si las marcas de la primera persona efectivamente señalan al locutor. ¿Qué pasa si hay marcas multiplicadas de primera persona?

"Me veo forzado a decir que un enunciado único presenta aquí dos locutores diferentes donde el locutor primero es homologado con Pedro y el segundo con Juan". [15]

Efectivamente, hay dos marcas de primera persona: "yo" y "me".
Quizá alguno de ustedes esté pensando en por qué Ducrot no escribió el "yo vendré" entre comillas para diferenciar de esa forma el "uso" de la "mención". Es interesante que Ducrot no utilice la noción de metalenguaje. ¿Les dice algo esta posición?
Ducrot asume que no se trata de dos enunciados sucesivos, sino de un solo enunciado con dos locutores. Con esta posición rechaza las categorías que abren el campo del metalenguaje. Es un esfuerzo de todo el texto de Ducrot: tratar de trabajar siempre en un solo nivel. Por eso podemos decir que no habilita el metalenguaje.

Un ejemplo más. Está en la página 208 del texto. Y es interesante porque lo usa para incluir una noción más: la de "enunciador". Yo, a esta altura, estaba muy fatigado, pero el ejemplo es clarísimo. Cita una obra de Racine llamada "Britanicus" donde están conversando Agripina y Albina, en la Roma de Nerón. Discutiendo con Agripina, Albina dice que atribuye a la virtud el comportamiento de Nerón, o sea que el comportamiento de Nerón es virtuoso. Y Agripina le contesta:

"Y este mismo Nerón a quien la virtud conduce
hace raptar a Junia en mitad de la noche". [16]

De este cambio de palabras entre Agripina y Albina, Ducrot deduce:

"Está claro que este enunciado y particularmente la proposición relativa [la proposición relativa es "a quien la virtud conduce"] está destinado a expresar no el punto de vista de Agripina sino de Albina que queda así ridiculizado. Está claro asimismo que en el discurso de Agripina todas las marcas de la primera persona designan a ella y me obligan allí a identificarla con el locutor". [17]

Y entonces él se pregunta: y la otra ¿qué papel juega?, ¿en qué lugar queda?

"De aquí que la idea de que el sentido del enunciado, la representación que es propiedad de la enunciación, pueda hacer aparecer voces que no son las de un locutor". [18]

Las marcas de la primera persona no remiten a esta persona; sin embargo, su texto habla dentro del otro texto. Me parece que la idea de la polifonía está claramente transmitida por Ducrot. No creo que nos haga falta más.

Antes de abandonar el trabajo de Ducrot, quería leerles la cita que incluye su definición de la interpretación, cómo él considera la interpretación de un texto; porque habiendo tantos lugares, tantos operadores dentro de un texto, cómo asignar cada lugar. Dice así en la pag. 218:

"La significación basta con que marque el lugar del enunciador al mismo tiempo que marca el lugar de un locutor...". [19]

¿Ven que son lugares diferentes? En el último ejemplo, el enunciador era la mujer que lo defendía a Nerón, y el locutor la que lo atacaba. Sigue la cita:

"... y que exija el texto al interpretante que aspira a construir el sentido encontrar individuos [o instancias] a quien imputarle tales funciones". [20]

La tarea del interpretador, para poder construir el sentido de un enunciado, es encontrar individuos o instancias a los que imputarle tales funciones. En el texto de Ducrot no aparece "instancias", lo agregué yo. Y donde dice "funciones" también se trata de un agregado mío; en el texto dice "responsabilidades". Yo lo cambié, me parece que está mal traducido… Aquí arribamos a un primer corte.
Denme unos minutos antes de continuar. Pueden hacer preguntas.

Asistente: ¿Ducrot dice algo similar al modo en que Freud propone la negación?

Retomemos el primer ejemplo de Ducrot, el de la repetición, en el que alguien repite lo que otro dice. En realidad es un caso profundo de Verneinung freudiana, porque ese "¿Así que soy idiota?" en Freud sería: "Yo sé que usted está pensando que yo soy un idiota". Ducrot ha superado a Freud ampliamente porque Freud contestaba: "Yo no he dicho eso; eso lo dijo usted, salió de su boca y no es más que una proyección de algo suyo sobre mí".
Ducrot le diría que no es así. Lo que pasa es que Freud estaba muy asociado a que cada texto no decidía autor, locutor ni enunciador. Parecería que este tipo de intervenciones de Freud apuntan a situar la responsabilidad. Y, en realidad, la posición lacaniana sería "¿Por qué cree usted que yo pienso que usted es un idiota?". Ahí radica el trabajo del inconsciente como transindividual. Freud, en ese sentido, lo que hacía con la Verneinung era reconducir, en la interpretación, el texto al cuerpo donde estaba la boca de la que aparentemente eso salía.
Para los que estén interesados en el tema, a lo largo del texto Ducrot habla explícitamente de la "negación" y de la "ironía", incluso derivando hasta el problema del chiste. El texto es riquísimo pero enorme. Por eso les propuse sólo un recorte.

Les propongo, entonces, que pasemos al texto de Foucault, que, a decir verdad, es previo. La conferencia de Foucault es del 69; tiene varias versiones publicadas, incluso hay una publicada por la revista Littoral. Como se trata de una conferencia dictada en Vincennes, Lacan estuvo presente. Tenemos las poquitas palabras que dijo Lacan al final de la discusión: apenas tres párrafos de cinco o seis líneas cada uno. Básicamente, expresa su total acuerdo, le agradece sus palabras y se hace un poco de propaganda a sí mismo con relación al tema del "retorno a…" que Foucault había desarrollado en su intervención.
El texto tiene cinco partes, de las que solamente voy a trabajar tres. La primera parte del texto habla de la noción de autor. En la edición que les cité, es la página 332. Dice así:

"La noción de autor constituye el momento fuerte de individualización en la historia de las ideas, de los conocimientos, de las literaturas, en la historia de la filosofía y en la de las ciencias. Incluso hoy, cuando se hace la historia de un concepto, de un género literario o de un tipo de filosofía, se siguen considerando estas unidades como escansiones relativamente débiles, segundas y superpuestas, en relación a las de autor y obra". [21]

Esta es la primera idea: se trata del momento fuerte de la individualización. Qué interesante similitud existe entre los procesos por los que han pasado nociones fuertes tales como la de "sujeto" y la de "autor".
Foucault afirma algo así como cierta isomorfía entre la noción de "obra" y la de "autor". Todo lo que dice para el autor, lo dice también para la noción de obra, porque habiendo un autor es fácil atribuirle una obra. La referencia histórica que propone es la Inquisición: comenzó a ser importante establecer quién era el autor de un texto, cuando surgió la necesidad de hacer a alguien responsable y quemarlo en la hoguera a causa del contenido de los mismos.
También establece una relación entre el texto y el autor en tiempo y espacio. En el espacio el autor es exterior al texto, y en el tiempo es anterior al texto. O sea que el autor está primero, y después está el texto. Esa caracterización va a ser negativa. Tengan en cuenta que la lógica de esta conferencia es idéntica a la del texto de Ducrot, es decir, empieza diciendo lo que "no es". Entonces, después asegura cuál es su punto de partida. Y dice que su punto de partida es una frase que él toma de Beckett:

"El tema del que quisiera partir podría formularse con unas palabras que tomo prestadas de Beckett: «Qué importa quién habla, alguien ha dicho qué importa quién habla». En esta indiferencia pienso que hay que reconocer uno de los principios éticos fundamentales de la escritura contemporánea". [22]

Para algunos de nosotros, que hemos dedicado mucho tiempo a leer y reflexionar con Foucault, la introducción del precepto ético liga a todo el problema con una práctica. Para Foucault, no hay ética que no se despliegue en una práctica.
Me quedo con la frase "¿Qué importa quién habla?". Es una linda frase para una supervisión. Que uno vaya muy preocupado a una supervisión: "No, porque el padre, porque el niño…", y que el supervisor diga: "¿Qué importa quién habla? Aunemos el texto".

Lo que sigue, en la segunda parte del texto, tiene algunas remisiones lacanianas con las elaboraciones del seminario IX acerca del nombre propio.
Foucault se pregunta si el nombre de autor es un nombre propio, si el referente es el mismo, qué referente hay, etc. En principio, a vuelo de pájaro, afirma que funcionan de modo diferente. Es allí que propone la definición para el nombre de autor. Estamos en la página 338:

"El nombre de autor ejerce un cierto papel respecto de los discursos: asegura una función clasificadora; un nombre determinado permite reagrupar un cierto número de textos, delimitarlos, excluir algunos, oponerlos a otros. Además establece una relación de los textos entre ellos (...) Finalmente el nombre de autor funciona para caracterizar un cierto modo de ser del discurso (...)". [23]

Estas son las características positivas.
Luego dice:

"Hay, en una civilización como la nuestra, un cierto número de discursos que están provistos de la función autor... [Es decir, de un nombre que cumple estas funciones que les leí antes]... mientras que otros están desprovistos de ella. Una carta privada puede tener un signatario pero no tiene autor. Un contrato puede tener un fiador pero no tiene autor. Un texto anónimo que se lee por la calle, en una pared, tiene un redactor pero no tiene autor. La función autor es, pues, característica del modo de existencia, de circulación y de funcionamiento, de ciertos discursos en el interior de una sociedad". [24]

No cualquier texto responde a la función de autor. Ese texto tendría que tener algunas características.

"... para un discurso, el hecho de tener un nombre de autor (...) indica que este discurso no es una palabra cotidiana, indiferente, una palabra que pasa y se va, que flota, una palabra inmediatamente consumible, sino que se trata de una palabra que debe ser recibida de un cierto modo y que debe recibir, en una cultura dada, un cierto estatuto". [25]

Me parece que ahora queda más claro, que es una palabra puntual.
Dice en la página 340:

"No se forma espontáneamente, la función autor, como atribución de un discurso de un individuo". [26]

¡Siempre es la misma idea! El individuo es insuficiente como criterio, ya sea para establecer una subjetividad, un autor, un locutor, etc. No alcanza con atribuir un texto o un discurso a un individuo. Así no se define la función autor.

"(...) no es una pura y simple reconstrucción hecha de segunda mano a partir de un texto dado como un material inerte. El texto lleva en sí mismo un cierto número de signos que remiten al autor. (...) estos elementos no funcionan de la misma manera en discursos provistos de la función autor que en los discursos desprovistos de ella. (...) En los primeros su papel es más complejo y variable. Es bien sabido que en una novela que se presenta como el relato de un narrador el pronombre de primera persona, el presente del indicativo, los signos de localización, no remiten nunca exactamente al escritor ni al momento en el que escribe ni al gesto mismo de su escritura sino a su alter-ego". [27]

Salteo y voy a la 343.

"... todos los discursos que están provistos de la función autor conllevan esta pluralidad de ego". [28]

Les propongo que "pluralidad de ego" transmite la misma noción que "polifonía". Es la misma noción dicha de otra manera. Luego de un recorrido diferente, Foucault arriba al mismo punto. Los discursos que admiten la función autor —les propongo que el texto producido en la clínica psicoanalítica lo admite— están provistos de "pluralidad de ego", es decir que son "polifónicos".
Les iba a contar lo que dice Lacan al final de la conferencia, pero lo dejo para que lo lean ustedes. Me gustaría que hoy pudiéramos discutir un poco.

Asistente1: Por ahí se puede seguir sosteniendo la categoría de autor en la medida en que, como vos dijiste, le presupongamos una anterioridad temporal. El autor nunca sería el paciente. El primer dicho, el texto mismo que tiene esa pura autoridad, sería siempre dicho por Otro, siempre hay un discurso del Otro. Y ahí sí el trabajo terapéutico sería el de la deconstrucción o un análisis de esta categoría de autor que sí puede servir para trabajar. Ese autor está dentro de un discurso que se realiza y que hay que revisar. Por ahí sí es una categoría operativa en paralelo a esta deconstrucción que vos hiciste.

Asistente2: Me parece que estamos yendo un paso más allá que Ducrot, porque entre autor, locutor y enunciador estamos metiendo al interpretante también del mismo lado. A mi me parece que Ducrot lo ponía del otro lado. El interpretante era aquel que se encontraba en función de establecer quién era el autor, el locutor y el enunciador de un texto. Lo que les propongo es que quizás convendría poner al interpretante del mismo lado, porque cuando el analista dice algo, ¿quién lo dijo?, ¿los padres, la abuela, el niño o el analista? Cuando vos te preguntabas respecto de vos mismo quién lo había dicho, ¿quién lo había dicho? En ese sentido, es transindividual pero vos participas entre las personas en las que se constituye la comunicación.

Mi problema es previo a ese. Te explico por qué. Porque lo que yo noto con cierta facilidad en los pocos textos que hay sobre el tema y en las discusiones es que habitualmente el problema ya se da a nivel del texto. Primero es importante desmalezar, a mi criterio, el tema del texto; primero hay que saber cuál es el texto para después poder preguntarle a alguien, en todo caso, qué le pasa con eso.

Asistente2: Claro, pero qué le pasa con eso puede ser también la demanda. Cuando alguien responde a lo que quiere, no necesariamente se expresa el deseo, también la demanda. Entonces le podríamos decir "¿Usted qué demanda?". Con lo cual ese desmalezar el texto es establecer la demanda.

Pero, lógicamente, ¿no es ese el primer paso?; porque el deseo se dice elípticamente en la demanda.

Asistente3: Estoy impactada por el planteo de Pablo. Me da la impresión de que trabajando con la idea de autor y polifonía se corre bien al problema de la responsabilidad, porque la evitamos. El término autor, tal como lo manejamos en la actualidad, nace con la idea del derecho de autor. Por eso, históricamente, nace con el sujeto moderno y la idea de derecho es lo que lleva el problema del derecho, de la legalidad. Y Agamben cuestiona claramente el problema de la responsabilidad y lo ubica del lado de una responsabilidad jurídica. En ese sentido, lo corre del problema de la ética. Dando toda esta vuelta, a mí me parece interesante para pensarlo en ese circuito, tratado de esta manera podemos correr este asunto, este problema de la responsabilidad y, en todo caso, sí ubicar la categoría del deseo. Y, en todo caso, las posiciones, no el individuo responsable de lo que dice o de aquello a lo que se le adjudica una autoría, sino una posición frente al texto.

Acuerdo plenamente, aunque incluís elementos que no trabajé. Ojalá podamos seguir extendiendo estos desarrollos, enriquecerlos.

Asistente4: ¿Dónde queda, entonces, la significación?

Ducrot te respondería que la significación de la frase está dicha en el enunciado, pero que el sentido se construye a partir de las instrucciones que están en la significación de la frase; es decir que tiene que haber Otro que las establezca. El sentido no está en la frase o en el enunciado, porque incluye al interpretante. Por eso les proponía que hacía falta que alguien lea en la construcción polifónica.
Me parecía importante recorrer estas ideas que provienen del campo lingüístico, apropiarnos de ellas y hacer un poco de lingüistería con el objetivo de proponer ciertas herramientas útiles ante los problemas a los que nos enfrentamos los psicoanalistas que trabajamos con niños cuando incluimos en nuestro dispositivo a los padres.


NOTAS
[2] Freud, Sigmund. "Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. 34ª conferencia. Esclarecimientos, aplicaciones, orientaciones" (1933 [1932]) en "Obras Completas", Amorrortu Editores, Volumen XXII, Buenos Aires, 1989, pág. 137.
[3] Ibidem.
[4] Freud, Sigmund. "Aclaraciones, aplicaciones y observaciones - XXXIV" en "Nuevas aportaciones al psicoanálisis". "Obras Completas", Biblioteca Nueva, Volumen II, Madrid, 1948. pág. 856 §2.
[5] Lacan, Jacques. "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis" (1953) en "Escritos 1", Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1987, pág. 254.
[6] Ibidem.
[7] Ducrot, Oswald. "Esbozo de una teoría polifónica de la enunciación" (1982-1984) en "El decir y lo dicho", Ed. Paidós, Barcelona, 1987, pág. 196.
[8] Ibidem.
[9] Ibidem.
[10] Ibid. Págs. 196-197.
[11] Ibid. Pág. 198.
[12] Ibidem.
[13] Ibid. Pág. 198-199.
[14] Ibid. Pág. 201.
[15] Ibidem.
[16] Ibid. Pág. 208.
[17] Ibidem.
[18] Ibidem.
[19] Ibid. Pág. 218.
[20] Ibidem.
[21] Foucault, Michel. "¿Qué es un autor?" (1969) en "Obras Esenciales. Volumen 1: Entre filosofía y literatura." Ed. Paidós Ibérica SA, Barcelona, 1999. Pág. 332.
[22] Ibidem.
[23] Ibid. Pág. 338.
[24] Ibidem.
[25] Ibidem.
[26] Ibid. Pág. 340.
[27] Ibid. Pag. 342.
[28] Ibid. Pág. 343.