miércoles, 4 de marzo de 2009

PABLO PEUSNER. "Acerca de la autoridad. Un breve recorrido para iniciar una reflexión psicoanalítica"


La experiencia ya ha patentizado que este triángulo [de la estructura edípica]
no es más que la reducción al grupo natural,
efectuada por una evolución histórica,
de una formación en la que la autoridad que se le ha dejado al padre
–único rasgo que subsiste de su estructura original–
se muestra, en rigor, cada vez más inestable, caduca a veces...
Jacques Lacan


Los analistas que no retrocedemos ante los niños nos encontramos a menudo en el consultorio con declaraciones diversas acerca de los avatares que nuestros jóvenes pacientes atraviesan cuando enfrentan a los distintos personajes que representan la autoridad. También ocurre que a menudo son los propios padres, madres o parientes de nuestros analizantes quienes declaran tener inconvenientes para ejercerla o para hacerla respetar. Igualmente, en algún momento será inevitable que nos pidan la receta para lograr ponerla en funcionamiento, para que resulte acatada. Entonces, un poco influidos por los medios masivos y por algún que otro título que últimamente ha visto la luz, nos atrevemos a preguntar: ¿estamos atravesando un momento histórico en el que la autoridad resulta cuestionada? ¿Estamos viviendo una crisis de la autoridad?
Si nos corremos un poco de la perspectiva apocalíptica, vemos surgir en todo su esplendor un problema teórico que históricamente los psicoanalistas han descuidado: la noción de autoridad. Claro está que nuestro país es un ambiente “sensible” a un término tal. Luego de la última dictadura y de las atrocidades cometidas durante aquellos años, cuesta enfrentar algunos temas: en el pensamiento, la autoridad rápidamente se corre al autoritarismo y de allí al poder. Lo demás, es conocido y excede el espacio de esta columna.
Vuelvo: ¿podría ser de utilidad a los psicoanalistas en general, y a los que trabajan con niños en particular, reflexionar, estudiar e iluminar, los aspectos teóricos de la noción de autoridad? Considero que si debemos intervenir en situaciones en las que la misma está cuestionada, es condición haber realizado algún tipo de recorrido previo por el problema; y como los libros están allí para señalarlo, para acompañarlo, sigue a continuación un testimonio de mis últimas lecturas sobre el tema.
Podría decir que, formalmente, el recorrido comenzó con el libro de Giorgio Agamben titulado “Estado de excepción” (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2004). Este libro constituye la primera parte del segundo tomo de “Homo Sacer”. El último capítulo del libro lleva por título un binario en latín: Auctoritas y Potestas. Con su tono habitual, Agamben realiza un profundo análisis de la situación de “estado de excepción” en Roma y, podríamos decir, desemboca en el binario en cuestión: en este binario, no podría pasarnos desapercibido que la auctoritas corresponde al Senado y la potestas al pueblo y a los magistrados. Ahora bien –y más allá de las innumerables referencias filológicas y al derecho por las que transcurre el análisis–, quisiera destacar la idea de que ambos términos componen lo que Agamben llama “un sistema binario”, en el que cada uno se instala por referencia al otro. En lo que corresponde a la auctoritas (término que preanuncia el que estamos persiguiendo), el autor cita a Magdelain: “la auctoritas no se basta a sí misma; ya sea que autorice, ya sea que ratifique, supone una actividad extraña que ella valida”[1]. Primera estación del recorrido: no hay autoridad sin algo que le funcione de Otro.
En el año 2005, Nueva Visión (Buenos Aires) publicó el libro de Alexandre Kòjeve titulado “La noción de autoridad” (1942). Si bien el estudio resulta un tanto fenomenológico, su clasificación de las figuras de la autoridad resulta llamativa: la autoridad del Padre, la autoridad del Amo sobre el esclavo, la autoridad del Jefe y la autoridad del Juez, admiten numerosos sucedáneos, pero resultan en cuatro tipos irreductibles de la autoridad humana, en los que cada uno coincide con un rasgo central que la determina: el Padre y la causa; el Amo y el riesgo; el Jefe y el proyecto o la previsión; el Juez y la equidad o la justicia. A los fines de mi recorrido, una idea quedó instalada luego de la lectura de este libro, idea que retornará en mi próxima escansión, y que Kojève presenta con esta breve cita: “la autoridad del Padre es La Autoridad de la causa sobre el efecto. Pero la causa transmite, por definición, su esencia (o su potencia) al efecto. Resulta entonces completamente natural admitir el principio hereditario en la transmisión de la Autoridad del Padre”[2]. Entonces, segunda estación del recorrido: la autoridad exige cierta transmisión a lo largo del tiempo.
En el año 2008 di con “El poder de los comienzos. Ensayo sobre la autoridad” de Myriam Revault d’Allonnes (Amorrortu, Buenos Aires, 2008), el que sin duda fue para mí el libro más preciso sobre el tema –a veces, también en los libros “menos es más–. De entrada, una frase me golpeó con la fuerza de la claridad: “El tiempo es la matriz de la autoridad, como el espacio es la matriz del poder”[3]. Y aunque la autora retoma el binario de Agamben, el verdadero sistema binario es aquí el conformado por el tiempo y el espacio. El desarrollo del libro está ordenado a partir de la idea de que “la autoridad debería su preeminencia y su efectividad a la inscripción temporal que realiza”[4]. Por supuesto que hay una genealogía del fenómeno a lo largo del libro: los griegos y los romanos comparecen, pero también los problemas de la autoridad en los tiempos modernos, una lectura profunda de los aportes de Max Weber y Merleau-Ponty, y un capítulo final dedicado íntegramente a la idea de la “duración pública” bajo la forma de la institución (con referencia a los principales pensadores contemporáneos). En síntesis, un libro que no tiene desperdicio, y que contribuyó a una idea que, desde entonces, intento hacer funcionar en la clínica psicoanalítica: si hay problemas de la autoridad, hay un corte en el tiempo que ha obstruido la transmisión.
Hasta aquí mi breve recorrido tendiente a promover la reflexión sobre un tema que retorna en la clínica cotidiana, ya que hoy no resulta tan frecuente que arbịtrium patris summum iudịcium est[5].


NOTAS
[1] Agamben, G. Op.cit. p.141.
[2] Kojève, A. Op.cit. p.52.
[3] Revault d’Allonnes, M. Op.cit. p.15.
[4] Ibid. p. 34
[5] “El arbitrio del padre es juicio supremo”.
(tomado de Imago-Agenda, marzo de 2009, Letra Viva).