sábado, 21 de junio de 2014

Robert Castel. "El psicoanalismo". El orden psicoanalítico y el poder (Nueva Vision, 2014)



Cuando los psicoanalistas tratan este tema, lo hacen corrientemente para eludirlo mejor. No existen dos problemas, el de «otra escena», donde las producciones del inconsciente flotan en estado de pesadez sociológica, y el de los usos «recuperados» del psicoanálisis. En la situación dual, el contrato constitutivo de la relación analítica impone sus convenciones invalidando el sistema de fuerzas sociales en el que el psicoanálisis se inscribe. Sin embargo, reproduce este sistema en su dispositivo. La neutralidad analítica es neutralización de aquello que, social y políticamente, jamás es neutral. De ahí que el psicoanálisis sea neutralizador.
Por eso, también, si el psicoanálisis puede ser «recuperado» es tan solo por ser, ante todo, recuperador. Esos poderes descubiertos en el campo cerrado de la relación dual son tan «neutrales» que se encuentran disponibles para integrarse en el sistema de control dominante. Los adeptos del psicoanálisis que pueblan un número creciente de instituciones psiquiátricas, parapsiquiátricas, pedagógicas, judiciales y otras no son, pues, soldados perdidos suyos. Serían más bien los primeros batallones de un ejército de recambio para desplazar las formas en que se impone el poder social: de la autoridad-coerción a la persuasión-manipulación.
El psicoanalista ha comenzado en la ciudad el viaje que tenía vocación de emprender. Mejor que el psiquiatra, quien se encuentra amarrado aún a la herencia del manicomio, él circula con comodidad. Portador como aquel del poder y el prestigio del especialista competente, teje durante su periplo una finísima tela. La apuesta de El psicoanalismo es recorrerla tras la pista de un desconocimiento portado en todas partes por el discurso sobre el inconsciente, pero inscripto, ante todo, en la entraña de su funcionamiento más «irreprochable».