jueves, 29 de octubre de 2015

Gerardo Arenas. "Sobre la tumba de Freud" (Ed. Grama, 2015)




La singularidad de Freud dejó una indeleble marca paterna en la IPA, pero una estructura creaba las líneas de fuerza del campo donde él y los suyos debían moverse, y la IPA se cristalizó sobre esa base.

Lacan le aplicó el método analítico e interpretó su síntoma, mostró la relación estructural entre la ética del psicoanálisis, la concepción del fin de la experiencia y la forma del lazo entre los analistas, reveló su enlace con las enseñanzas impartidas por sus Institutos, y diagnosticó los síntomas de la solución IPA. En 1967 propuso otra solución, y aunque murió sin resolver el problema que había planteado, nunca depuso sus armas ni dejó de renovarlas. En 1976 introdujo en la concepción del fin del análisis un cambio incompatible con la perennidad del título de AE. Decretar su caducidad corrige el defecto que hemos hallado en la solución de 1967. Pero la solución IPA posee una estabilidad inigualable, y hacia ella decaen las otras soluciones. Esto demanda renovados esfuerzos de invención, dispositivos capaces de perturbar el campo grupal, e interpretaciones de la Escuela como sujeto.

Cuando la configuración de la estructura del campo analítico amenaza retornar a su plasmación original, hay que reinventar la Escuela para que, sobre la tumba de Freud, nazca la pelusa de la primavera.